Protagonistas de un experimento que los puso al volante, los ratones aprendieron a usar un pequeño coche desarrollado adrede para ellos.

Si eres de los que pasan al menos un par de horas atrapados en el tráfico todos los días, tenemos una sugerencia para ti: ¿por qué no contratar a una rata como conductor? Un grupo de investigación de la Universidad de Richmond, Virginia, descubrió no solo que estos roedores tienen talento para conducir un vehículo, sino también que realmente aprecian esta actividad: ponerse al volante los relaja y promueve la liberación de una hormona antiestrés.

Cochecitos para ratones

El experimento del equipo dirigido por Kelly Lambert es simple e ingenioso: los científicos han construido una máquina eléctrica real para sus ratas, compuesta por un marco de plástico transparente, una base de aluminio y, por supuesto, cuatro ruedas. En lugar del volante, el grupo de investigación utilizó tres barras de cobre, dispuestas en un ventilador frente a la rata. Con tocar una barra se cierra el circuito y luego se activa el motor, y la posición de la barra determina la dirección en la que se mueve la máquina. Agarrando, por ejemplo, la barra de la izquierda, las ratas podrían dirigirse en esa dirección.

una rata conductora en el experimento de Richmond University

Hormonas anti-estrés

Los roedores (y los vehículos) fueron colocados en una jaula junto con algo de comida, y los animales fueron recompensados ​​si podían alcanzarlo conduciendo. Después de eso, el equipo estudió las heces de los animales, buscando rastros de dos hormonas: la corticosterona, asociada con el estrés, y la dehidroepiandrosterona, que en su lugar se produce como un antiestrés. Los resultados? El primero está casi ausente, el segundo está presente en grandes cantidades. Según los investigadores, su producción está vinculada a la satisfacción de aprender una nueva habilidad útil. El hecho de que en este caso sea la capacidad de conducir es solo otra confirmación de lo extraordinario que es este simpático mamífero.

dos ratas en el experimento de Richmond University